En un libro muy antiguo, hecho en finas hojas de corteza de árbol, un viejo druida escribía sus pócimas más secretas. Muy lejos de su pueblo natal, en un país donde nadie sabía de su existencia, él se había ocultado en una gruta casi enterrada en las entrañas de la tierra, cruzando el inmenso bosque donde sabia que habitaba la Hechicera y sus duendes hacedores de dulces, allí, en la quietud y el silencio, una nueva idea invadió su mente hasta obsesionarlo. Cansado de comer raíces y pequeños brotes que la misma naturaleza le colocaba al alcance de la mano decidió cambiar radicalmente su manera de alimentarse. Ya era suficiente con la tristeza de aquel lugar, la soledad y el constante temor a ser descubierto.

La mañana siguiente lo encontró descansando sobre los lindes de aquel bosque encantado y su báculo se abrió paso entre el fresco verdor de su interior. No tardo mucho en encontrar lo que tanto buscaba, muy cerca de su vista estaban los pequeños duendes recolectando los frutos que la Hechicera les había encargado para confeccionar sus dulces.

Los dejo trabajar sin interrupción hasta que el sol fue cubierto con el manto oscuro de una noche cálida y fue en ese momento que aquel druida avanzó y acopió en su morral los frutos que mas tarde utilizaría para dar la forma final a su reciente idea. Antes que los nuevos cabellos de oro inundaran de luz la mañana, el viejo druida estaba de vuelta en su cueva, pero esta vez el nuevo día le daba la bienvenida a la entrada mientras en su caldero calentaba una nueva pócima y sus manos amasaban sobre una tabla de arrayán petrificado.

El pozo ya estaba lo suficientemente caliente cuando dándole la espalda al sol tomo la masa y la pócima de su caldero y lo colocó todo allí, con gruesas hojas y ramas cubrió el pozo y espero un tiempo sentado a su lado. Esa tarde un aroma diferente invadió el bosque inquietando a los habitantes y llegó hasta la morada de la Hechicera quien maravillada de aquella fragancia, salió junto a sus duendes en su búsqueda. Aquel recorrido los llevó a cruzar todo el bosque hasta llegar a la misma entrada de la cueva, donde un viejo druida les invito a probar de su comida en señal se amistad. La hechicera y los duendes quedaron maravillados con las tartas y otras exquisiteces preparados por este druida, que con su permiso las incluyeron en un recetario que acompaña sus dulces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Hechicera | Gastronomia | Maquetas | Cuentos | Recetas con Magia | Novedades |Contacto

Copyright 2007 - Todos los derechos reservados